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Repaso: Lo que me gustaron de unas ciertas ciudades

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Edited by Vanessa de Elera, Wednesday 13 October 2010 at 00:00

Cuando hice el senderismo en la cordillera Annapurna de Nepal me caí enferma, y no pude seguir. Lo peor era que necesitaba regresar a pie al inicio de la ruta. Tomé tres días volver a Pokara. Lo bueno de Katmandú era su intensa belleza – cada detalla de la calle me asombraba por ser tan hermosa, aún hasta la basura del suelo. Todo me impresionaba por haber sido tal diferente a tantos otros países que había conocido.

Pasé seis meses sola en India, y me siento que me cambió experimentar vivir en un país tan diferente a lo que conocía antes. Me engordaba bastante en Mumbai, dado que lo que más me encantaba era la comida riquísima. Lo que no soportaba era el calor con tanta humedad, porque me hacía incapaz de caminar, cuando no me gusta ir en taxi.

Tengo varias amigas nueva zelandesas, y desearía tener más oportunidades de visitar a ellas. Lo que me encantaba de Christchurch, en Nueva Zelanda, eran las tortas ricas de chocolate, y los paisajes bonitos de la Isla Sureña. Lo que no me atrajo era la ciudad de Auckland, con su frío interminable y sus calles sin carácter.

Viví una vez en Berlín, mientras era ubicado en el país de Alemania del Este, bajo de la soberanía del comunismo. ¡Nunca más! Lo que no soportaba en Berlín, en Alemania, era el racismo violento. No sé si actualmente ha cambiado, porque jamás volveré a esa ciudad.

Me siento mucho más para las otras ciudades alemanas. Por ejemplo, lo que me apasionaba de Köln era la Catedral gótica. Lo que me aburraba era la comida alemana tan blanda.

Puesto que uno de mis mejores amigos vive en París, sobre los quince años pasados, tenía que visitarle allá con demasiada frecuencia. Lo que más me detestaba de París, en Francia, eran los parisienses con su asunción de superioridad lingüística sobre todos otras nacionalidades. Lo que más me gusta es la moda kitsch, y especialmente las tiendas chiquitos que venden objetos kitsch de las cincuenta.

Un sitio turístico que siempre me fascinará es el área de los lagos más remotos de Austria, específicamente el pueblo inaccesible de Hallstatt. Se dice que desde ahí venían la raza celta del Europa del norte, hace millones de años. Lo que más me encantaba de Hallstatt era su sentido fuerte de la tradición austriaca, de una cultura muy antigua. Lo peor era el racismo blando de los austriacos a las personas negras.

Tenía la oportunidad de trabajar en Dinamarca una vez, en abril. Lo que odiaba de Copenhague era el frío tan agresivo. ¡No me acostumbraba! Tampoco solía comer el pescado crudo, aunque se lo probé este plato tradicional sólo una vez. Lo bueno era que la gente era tan amigable.

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