Conozco un proyecto de ecoturismo en la isla de Molokai, una de las islas del estado norteamericano de Hawaii. Sus aspiraciones son atraer a las visitantes que no suelen hospedarse en hoteles de tres hasta cinco estrellas. Su ambición es promover la naturaleza de la isla tan despoblada como recurso turística a las visitantes. Aspiran a vincularse los servicios y las ventajas turísticas de la isla para la visitante que le interesa el medio ambiente.
Actualmente, la industria del turismo se centra en turistas jubiladas, que visitan al hotel Molokai, toman cocteles o nadan, y luego visitan a la estancia Molokai, en donde pueden montar a caballo o jugar el golf. La cooperativa de vínculos hawaianos desea romper el dominio de esas dos compañías en el tráfico turístico de la isla.
A corto plazo se vinculan pocas compañías turísticas pequeñas que existen en la isla. Por ejemplo los anfitriones de cabañas ecológicas se vinculan con una cafetería con galería de arte local. También se vincula con guías que dirigen a las cascadas del bosque, quienes además se vinculan con una tienda de cometas y marionetas, lo cual ofrece talleres artesanales en un pueblo interior, en que construyen las cometas hermosas de colores y diseños asiáticos. Lo bonito es que en el hospedaje eco turístico, la turista aprovecha de una ducha del agua calentado por energía solar, y se reciclan las aguas residuales en el jardín tropical. En la tienda, aprovecha aprender los métodos de las culturas de otras islas pacíficas, como Indonesia. En la cafetería, aprovecha tomar el café orgánico, sembrado en las fincas de la misma isla. Las guías, también, son de la población local.
A medio plazo su ambición es fomentar un modo de transito más ecológico (una carta viajera con que se anima a las turistas viajar en carro con personas del pueblo, como hacer autostop), y dirigir las visitantes a unas playas vacías y tranquilas de 70 kilómetros de arena blanca. Hay poco recursos de ocio en Molokai, y las jóvenes tienen problemas de obesidad, o bien de drogas o alcohol, y la cooperativa de vínculos ecológicas tienen por objetivo instalar un bahía de surfing en la parte despoblada del este de la isla.
A largo plazo, su mayor deseo es vincular con el barco pasajero a la isla más conocida de Maui, para captar las familias ricas y jubiladas que ya no sepan de Molokai. Por fin su ambición es promover visitas a un convento antiguo de las lepras, que se encuentra poco accesible en el norte de la isla. Las lepras aún no se quedan ahí. Actualmente se accede solo por montar a un burro, a través de un bosque lleno de piedras antiguas, luego pasa por un precipicio miedoso. Sin embargo, la ruta es algo que aprovecha el carácter del entorno natural de la isla Molokai.