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Repaso: Las huellas de las civilizaciones pasadas en las islas británicas

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La raza indígena de las islas británicas no se conoce. Hay huellas, no obstante el linaje de antecedentes se mezclaba tanto que nadie sabe qué es un inglés. ¿Es parte visigodo? ¿Es parte celta? ¿Es parte picto? ¿Parte escocés? ¿Germánico? ¿Normando? ¿Anglosajón? ¿Danés? ¿Vikingo? ¿Irlandés o bien francés?

Ni una persona inglesa puede extraer el concepto de la sangre pura de los raíces. Se considera raro enfatizar la raza en la cultura inglesa. Debido a la historia de imperialismo, las muestras de culturas dominantes a menudo les parecen racistas a los ingleses, aunque no sean.

Sin duda, hay todavía huellas de las culturas ancianas más de mil años antes. Los romanos dejaron sus edificios, sus carreteras muy directas, sus joyas, y sobre todo los baños termales en varios lugares. Los druidas de las culturas paganas nos dejaron estructuras misteriosas, durante el periodo llamada las épocas oscuras. Por ejemplo los círculos de menhires, ubicado en muchos lugares, de los cuales, lo de Stonehenge se destaca más.

Los cerros de tumbas ancianas siguen visibles a través del país. Además, la figura religiosa del hombre verde sigue figurar en los diseños auténticos de piedras talladas encima de las puertas del pub típico de cada pueblo.

Más recientemente, durante doscientos años, el imperio británico nos dejó sus huellas, también, en el patrimonio cultural. No existe ni un pueblo inglés que no ofrece a sus habitantes la comida hindú. Los puertos grandes de Bristol y Londres se conocen por sus comunidades jamaiquinos. Hay objetos de la arte egiptana e africano en los museos. Las bibliotecas ofrecen la oportunidad de ver los documentos más antiguos de los conventos irlandeses.

Las naciones de la Mancomunidad tienen todavía derechos amplios de asentar y trabajar en Inglaterra, ya que se aportaron sus propias culturas y expectativas al país.

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Repaso: Las oleadas de pueblos que se asentaron en las islas británicas

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Alrededor del 1000 a.C. Gran Bretaña se invadieron por unas oleadas de fuerzas extranjeras – los vikingos, los romanos, los sajones, los pictos, los yutes, los celtas, los ángulos, y más.

El 1066 invadieron los normandos, de Francia, y se convertían en la fuerza dominante de la isla. El patrimonio británico fue fundado por su influencia y su legado.

Hacia mediados del siglo XVI, aproximadamente, los holandeses huyeron su país por motivos religiosos, y llegaron a Bretaña. Sobre el año 1685 llegó un grupo más de migrantes perjudicados por su religión – esta vez cien mil hugonotes salieron de Francia a Bretaña.

Alrededor de 1840, había una hambre amplia que se les obligó a miles de irlandeses viajar a Bretaña. Era una década significativa, a causa de las revoluciones políticas de la Europa central. Bretaña se convertía en destino favorecido para los refugiados provenientes de la Europa. Hacía cuarenta años después, llegaron los refugiados judíos, buscando asentarse en un estado no tan opresivo como los de la Europa central.

La 1ª Guerra Mundial a principios del siglo XX se hizo numerosos refugiados, y muchos de ellos escogieron escapar Europa central para Bretaña. Se pasó igual durante la 2ª Guerra Mundial, hacia mediados del siglo. Muy pronto se asentaron cientos de miles de los refugiados de los países comunistas. Bretaña faltaba una plantilla adecuada, debido a la gran matanza de hombres – el costo humano de las dos Guerras Mundiales. Invitó a los antillanos – es decir, la gente de las Indias Occidentales del Caribe - asentarse en Gran Bretaña.

En el año 1972 casi treinta mil personas asiáticas-ugandeses huyeron a Bretaña de Uganda, después de que fueron expulsadas. Sobre el mismo año las políticas túrbidas y las guerras en Asia del Sureste resultaron que muchos llegaron a Bretaña en busca de una nueva vida.

Hacia finales del siglo XX, venían más oleadas inmigrantes altamente calificadas, provenientes del Sudáfrica, Nueva Zelanda, y Australia. Hacia el dos mil llegaron miles de refugiados de la guerra étnica de los Balcanes, encima de cuarenta y cinco mil personas de África, más que veintidós mil de India, y veinticinco mil personas del occidente.

Por razones obvias, se considera a Gran Bretaña uno de los países más mezcladas de la planeta.

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Repaso: Un relato sobre el barrio de Bow, en Londres

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Edited by Vanessa de Elera, Saturday 2 October 2010 at 17:14

Vivía 16 años en Londres, así que quiero describir el ambiente de mi barrio que se llama Bow, ubicado en el este del casco financiero de la ciudad más antigua de Londres, la parte que se conoce como el nombre “La Ciudad”.

A principios del siglo XX, Bow se destacaba por barrio de chabolas, debido a su situación al norte de los puertos industrializados de la isla de Dogs. Se caracterizaba por casas de alquiler, de carácter casucha, llenas hasta los topes de los pobres inmigrantes que venían de cinco continentes, a raíz del comercio con todas partes del imperio británico antiguo. Normalmente por aquellos tiempos personas de muchísimos países llegaron en Bow, vivieron en viviendas descuidadas, trabajaron muy duramente para enriquecerse, y después de quince o veinte años de chambeo, en seguida se mudaron a otra zona menos industrial. A causa de las comunidades de inmigrantes de países distintos, con los marineros que estaban aterrizados de licencia, y con los delincuentes indígenas de Bow, se destacaba por un barrio inseguro, que tenía fama de las prostitutas, los atracos, aun hasta los homicidios (inclusivo los asesinatos hechos por el famoso Jack el Ripper se ubicaron en ese mismo barrio), y sobre todo la inseguridad ciudadana total.

Puesto que las condiciones de vida estaban tan concurridas que la solían causar problemas respiratorios, la reina Victoria ordenó que se derrumbe un área céntrico, y fundó el gran parque Victoria para que tome el aire a la gente.

A medios del siglo XX, los polígonos industriales del puerto ya habían fallado. Sin el comercio marítimo, la isla de Dogs se caracterizaba entonces, justo como antes, por barrio de chabolas. Al mismo tiempo el barrio norteño de Bow caía en otras manos. Se encontraba bajo de la vigilancia de una familia pandillista que tenía fama de sus delitos graves. Se llamaban Los Hermanos Kray, y reinaban por toda la parte del este de Londres, asesinando en plena vista los que no se daban prioridad a la guerra tribal que empezó seguidamente.

Las policías se encontraron sin poder parar a la orgía de violencia que empezó por aquellos años. Puesto que esta zona había sufrido muchísimo daño por las bombas alemanes durante la guerra mundial segunda, las condiciones de vida habían cambiado drásticamente. Los niños solían ver a los cadáveres, jugaban en sitios derribados (al mínimo había unas casas destruidas de cada calle en Bow), y sus juguetes eran las armas de guerra: las armas, las pistolas, las bombas inexplotadas. Como si fuera una infancia normal, solían pasar las noches durmiendo en las estaciones subterráneos por miedo del bombardeo constante de aquellos seis años de la guerra. La violencia formaba una parte de su vida diaria. Asimismo los habitantes de Bow en los cuarenta habían crecido bajo de los efectos psicológicos de la guerra mundial, es decir, eran productos de una crispación particular, de una privación urbana irrepetible y sin parar. Así crecía la generación de los hermanos Kray, así aprendía sus métodos de violencia extrema. No se pudiera soportar el resultante modo de comportarse como si fuera una guerra tribal de las pandillas, ni el tráfico de drogas que se empezaba a plantear a finales de la década. Mientras tanto, el concejo de las cincuenta intentaba poner en marcha varias planificaciones urbanas. Empezó a derribar las chabolas, modernizar los solares de construcción y levantar bloques de pisos modernos. Se los repartió a las casas más antiguas en viviendas unifamiliares. Creó una red de transportes públicos accedido por un abono, y estableció una autovía desde la costa sureste al corazón del casco financiero, pasando por Bow.

Yo me mudé al barrio Bow a finales del siglo XX. Seguía con la reputación anterior de la inseguridad ciudadana, pero me encontré ahí a principio de una época de modernización total. Al norte de Bow se ubica el barrio Hoxton, que se empezó destacar por zona artística muy de moda en los noventa. Las últimas olas de inmigrantes judías y bangladeshís habían dejado sus huellas culturales en el área. Hay restaurantes y panaderías judíos, y un barrio turístico que se llama Banglatown, lleno de restaurantes para cada gusto asiana. Las artistas de Hoxton han atraído inversión y publicidad, que llevó a cabo la regeneración de los mercados del pueblo de la vecindad. Hoy en día hay un mercado de objetos antiguos o kitsch en la calle Liverpool cada domingo, otro de productos de cuero cada día semanal en Whitechapel, otro de flores en la calle Columbia por los domingos, otro de objetos útiles que cubre casi toda la zona cada domingo, y lo del barrio Bow, el mercado de verduras frescas en la calle Roman cada sábado. La vida bulliciosa de la vecindad Bow sobrevive en estos mercados del pueblo. Por la urbanización de las autovías que siguen a los almacenes grandísimas de Bluewater y Lakeside, un ciudadano de Bow lo tiene todo al alcance. Además de la inversión atraída por el barrio artístico, la urbanización ha convertido el puerto en un casco moderno de los rascacielos y los inmuebles de lujo. Bow actualmente se encuentra con una buena gama de diversiones, sobre todo la movida nocturna excelente. Se dan prioridad a la estética y aquellos bloques de pisos descuidados hoy se derriban o se reparan poco a poco. Total que el barrio está rodeado por agencias inmobiliarias, a causa de su proximidad a las zonas financieras internacionales. Se repuebla con las personas quienes no quieren viajar diariamente al lugar de trabajo, con sus gustos lujosos. Atrae a negocios como los gimnasios, los clubes de comedia, los cines, las cafeterías y una estación de tren con conexión directa a Paris, la capital de Francia.

En resumen hoy se celebra los barrios más antiguos del área en cuales se graban las películas históricas, puesto que la belleza de sus casonas sigue, y no se cobran tanto como las zonas londinenses más famosas del oeste. No obstante, algunos problemas de los tiempos pasados continúan. No se puede estacionar, las autovías producen un ruido infernal, y causan problemas respiratorios infantiles. La mayoría de viviendas siguen ser partidos unifamiliares con propietarios ausentes. Hay que añadir que la orgía de violencia de los hermanos Kray actualmente se ha convertido en una historia contada a los turistas en sus tours peatonales, mientras la drogodelincuencia y las escalamientos de aquellos años sigue.

En seguida, pues, el barrio va a cambiar mucho más. Está al sud de la zona olímpica nombrada por los juegos internacionales del año 2012 (¡lo que se anunció un día después de que había vendido mi propio piso en Bow!) Al final, muy pronto vivir en Bow no será vivir en las afueras. En cambio, dentro de dos años, vivir ahí se sentirá como vivir en el corazón de Londres, donde se puede conmemorar su historia cultural, artística, deportista, mercantil, vecinal y patrimonial. Lo que quiere decir es que el barrio Bow se evolucionará de nuevo.

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